sábado, 4 de enero de 2014

nos volvimos a despertar

Y como una escena repetida y casi calcada de sueños anteriores te sentí derrumbándote ante mí, con esa piel suave y las manos pequeñas. Despertar y ver el mundo desde afuera, como las miserias humanas destruyen a las personas, las paredes destruidas dejando un espacio para ver las degradadas relaciones familiares, el individualismo mortal en cada espacio, las lágrimas de niños ausentes de los sentimientos más necesarios en la tierna infancia, materiales y emocionales.
Y lo más cruel pero entendible desde nuestra mirada, como ingresan por nuestros poros esas degradaciones.
Otra vez te vi, pero más que verte te sentí  como mi aliada pidiendo respiro, estallando con los árboles en otoño desparramando hojas tuyas por todos lados, como nunca se te ve, con mirada débil y temblorosa.
Uno tiende a refugiarse en lo conocido y preservar su corazón, en un camino difícil que a veces nos deja en el aire, pero vuelve, y vuelve fortalecido, con algunas certezas y nuevas dudas, esta vez más grandes.
Caminamos juntos un largo rato, sin hablar, solo veíamos una ciudad en ruina, casas destruidas que se dejaban ver, como una casa de muñecas con su pared faltante. Esta vez no salvamos un mundo maravilloso, porque este mundo no es maravilloso así como es, pero sentíamos la responsabilidad de cambiarlo, de destruir esas relaciones utilitarias económica y sentimentalmente y transformar de raíz todo, aunque esta vez con más dudas y después de transitar un tiempo separado nos volvíamos a encontrar.
Te sentí extraña pero conectada, sentí  ese abrazo como algo más que eso, como algo más que una necesidad, como una interpelación a cambiar y demostrar otra cosa.

Y nos volvimos a dormir, y nos volvimos a despertar juntos,  con esa intensidad y presión en el pecho al hacer el amor con la persona amada, pero nosotros no hacíamos el amor ni se nos cruzaba por la cabeza, ese sentimiento de pasión por lo humano se puede sentir de distintas maneras e intensidades, nos despertamos  con marcas en la piel, y volvimos a caminar, esta vez ya no eran casas, era un largo camino de tierra que era desbordado por un intenso césped verde que se movía con el viento, suave como nosotros allí.

Y por tercera vez me volví a despertar, esta vez solo, aunque debo confesar que te busque a mi lado, desperté confundido y golpeado, pero con una paz y un sentimiento que no puedo explicar, me sentí interpelado, recordé que me dormí por el cansancio, la intensidad del día laboral y esa máquina que suena en mi cabeza consumiéndome valiosos momentos. Pero ese día no me desperté igual a otros…

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