jueves, 9 de enero de 2014

Ella ya no espera



Sábado soleado y la tarde cae, el polvo de la tierra se tiñe de colores grises y el pueblo se prepara a recibir la noche y los festejos que ella trae consigo, allí al sur del norte en un poblado distante tres almas se desencuentran.

En estas abandonadas tierras las promesas de redistribución del territorio y el comienzo de una nueva etapa iban siendo traicionadas desde arriba y sepultados los sueños de cada habitante del pueblo en algún lugar, al sur del norte.


Y por ahí una de esas historias que dejaron su huella en el pueblo. De tanto buscarlo, ella ya no espera, sabe que no va a venir y que tampoco ira al baile del sábado en el centro del pueblo. No sabe a dónde fue, sabe que detrás de un futuro, pero sabe que sin ella.
Ha resuelto su vida en brazos de otra mujer, hermosa, compañera y abnegada que no le ha fallado, que se volvió su más profunda amiga, su más profunda concejera pero ambas saben que no es amor, aunque no saben que es. Y Que esconde para un 1916 una relación oculta, prohibida e ilegal, pero sincera como ninguna. Jamás ha sido un problema para ellas su relación prohibida.
Ella ya no espera, sabe que él no va a volver, que se ha marchado hace tiempo sin siquiera promesas de regreso, y que por esas cosas de la vida ella ya no espera.
Así cae la tarde, y el arduo trabajo semanal en las cosechas y en las primeras fabricas del pueblo encuentran su relajo en la gran fiesta del pueblo, donde cada trabajador y joven descargara su furia semanal en alguna botella de alcohol o en los brazos de alguna mujer, con la esperanza que nunca termine y de no volver a trabajar el lunes por la mañana.
Ellas no son la excepción, la cosecha en la semana las deja cansadas pero preparan sus mejores vestidos y peinados que llevan algunas horas. Escondidas de la multitud y los ojos entrometidos de las señoras mayores que divulgan su amor como herejía, como un rumor, pero que las ha dejado expuestas a ser la vergüenza del pueblo y merecedoras de los ataques familiares, cada vez más distantes, pero cada vez con más odio.
Ella ya no espera, pero en el fondo espera verlo allí, con su mejor camisa y sus zapatos brillantes, bien lustrados, que la mire desde la esquina y la saque a baila
r
, que  le diga que la extraño, que disculpe su distancia.
Paso la noche, se apagan las velas y los músicos ya cansados amenazan retirarse, ha pasado la noche entre tragos y miradas de desprecio, y ellas hermosas, impecables como la primera hora de la noche, se preparan para retirarse.
Caminan hacia el hogar entre caminos de tierra y allí a lo lejos divisan un hombre elegante recostado sobre un árbol, desesperanzada cree que no será el, que se ha marchado, que no va a volver. El levanta la mirada hacia ellas y emprende su camino, él tampoco la esperaba y entendió como habían sucedido las cosas.
Vamos, anda a buscarlo dice su amiga, que esperas?
Presurosa levantando su vestido corre hacia él y le llama la atención.
Jamás en ese pueblo polvoriento se ha levantado tal tormenta como cuando se cruzaron sus ojos, y jamás han estado tan nerviosos. De repente todo desaparece y solo quedan sus cuerpos de frente a espaldas del amanecer.
No te esperaba dice ella, no te busque dice él. Creo que no importa ya, se habían encontrado y se funden en un beso profundo guardado por años en el fondo de cada uno. Ella había perdido las esperanzas y le confeso, que su garganta, su piel y que sus más profundos sentimientos guardaban un te amo por dentro, que pedía a gritos salir, pero siente un temor al abandono
que ya ha sufrido con el  mismo, que le devolvio una despedida, esta vez con esa ilusión de confianza y de abrirlo al mundo.

Ella agacha su mirada y luego mira para atrás buscándola, y no la ve, solo ve a lo lejos una sombra desvaneciéndose, pero no está segura si es ella, no está segura tampoco que haya existido, pero está segura de no olvidarla.

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